Estoy en un pueblo, como en Michoacán. Estoy visitando a El Diplomático Oriental, quien vive con su esposa en ese lugar. Él es algo así como el delegado de ese pueblo. Entonces paseo con él por algunas callecitas. Compramos algunas cosas, algunas artesanías. Parte del motivo de mi visita a ese pueblo donde él vive es que voy a dar una conferencia de literatura sobre un libro que no he leído.
El evento se organiza en una sala pequeña y rústica que tiene un templete. Allí se sienta el delegado, que es mi amigo El Diplomático Oriental más el embajador de no sé qué lugar, que representa al autor del libro, otras personalidades y yo como comentarista de la obra.
Dado que yo no he leído la obra no sé bien qué decir. Pensaba decir solamente una felicitación, algo muy breve, pero me doy cuenta que tengo que decir algo más. De pronto, tras bambalinas escucho a alguien, a una mujer que está haciendo una crítica sobre el libro, dándole su valor como obra literaria pero también haciendo algunas apreciaciones.
Escucho con atención porque pienso que eso lo puedo repetir afuera, aunque me da un poco de vergüenza que ella me llegara a oir o a darse cuenta que la estoy escuchando y que le estoy robando las ideas y que después las repita como si fueran mías.
No sé qué hacer, se está montando el templete, ya están arriba las personalidades que van a opinar sobre la obra y yo tengo frente a mí un ejemplar del libro que nunca he abierto.
La persona que está conduciendo la ceremonia no es El Diplomático Oriental, sino El Académico Zacatecano. Es la misma persona pero se ha transfigurado.
miércoles, 16 de julio de 2008
En vestidores
Estoy en un camerino con compañeros de ejercicio y me fijo que la mayoría de ellos tiene rasurado el pubis. Yo tengo recortados un poco los pelos del pubis pero no completamente rasurado, pero veo que la mayoría sí lo está. Entonces, entro a una parte donde hay tazas de WC y mingitorios y con mi máquina de rasurar me pongo a quitarme los vellos para quedar igual que ellos.
Estoy quitándome los vellos en un mingitorio para echar los pelos ahí y de pronto, en una de las puertas de una de las tazas de WC veo que está acostado en el suelo mi amigo Héctor. Lo saludo pero no entiendo qué es lo que hace acostado y de pronto veo que, por atrás de él está alguien haciéndole un beso negro. Héctor me hace señas de que tiene un tipo atrás haciéndole eso. Lo saludo solamente y me doy vuelta para seguir rasurándome y de pronto me pongo de frente a ellos dos como para mostrar lo que yo estaba haciendo. Veo que mi pene está muy pequeño y eso me incomoda un poco.
Después vuelvo a girarme hacia el mingitorio y mientras sigo rasurándome se me acerca Héctor y me dice que al chico que le estaba haciendo el beso negro le dio un poco de vergüenza y decidió mejor retirarse. Le digo a Héctor que lo lamento y después salgo de ahí para volver donde estan los otros chicos del ejercicio y veo que hay mujeres y trato de vestirme rápidamente.
Estoy quitándome los vellos en un mingitorio para echar los pelos ahí y de pronto, en una de las puertas de una de las tazas de WC veo que está acostado en el suelo mi amigo Héctor. Lo saludo pero no entiendo qué es lo que hace acostado y de pronto veo que, por atrás de él está alguien haciéndole un beso negro. Héctor me hace señas de que tiene un tipo atrás haciéndole eso. Lo saludo solamente y me doy vuelta para seguir rasurándome y de pronto me pongo de frente a ellos dos como para mostrar lo que yo estaba haciendo. Veo que mi pene está muy pequeño y eso me incomoda un poco.
Después vuelvo a girarme hacia el mingitorio y mientras sigo rasurándome se me acerca Héctor y me dice que al chico que le estaba haciendo el beso negro le dio un poco de vergüenza y decidió mejor retirarse. Le digo a Héctor que lo lamento y después salgo de ahí para volver donde estan los otros chicos del ejercicio y veo que hay mujeres y trato de vestirme rápidamente.
jueves, 3 de julio de 2008
El ofrecimiento del doctor
Estoy en una especie de consultorio. Un doctor joven acaba de auscultarme para la revisión de no sé qué padecimiento.
Me da los resultados y después me estoy vistiendo.
Él empieza a orinar ahí mismo en el consultorio, en una especie de bacinica. Percibo las intenciones de mostrar su pene. De lucirlo. Me pongo alerta.
Después, con el pene todavía afuera, se acerca a mí y me lo muestra. Me pregunta ¿crees que se pueda secar? Yo veo que su pene está húmedo, como si hubiese salido apenas de bañarse. A la hora de que me hace esa pregunta me pone el pene a la altura de mi cara.
Mientras hacía eso me doy cuenta que lo que yo quería era justamente que se acercara y que me ofreciera su pene para meterlo en mi boca.
Lo tomo y empiezo a hacerle una fellatio.
Me da los resultados y después me estoy vistiendo.
Él empieza a orinar ahí mismo en el consultorio, en una especie de bacinica. Percibo las intenciones de mostrar su pene. De lucirlo. Me pongo alerta.
Después, con el pene todavía afuera, se acerca a mí y me lo muestra. Me pregunta ¿crees que se pueda secar? Yo veo que su pene está húmedo, como si hubiese salido apenas de bañarse. A la hora de que me hace esa pregunta me pone el pene a la altura de mi cara.
Mientras hacía eso me doy cuenta que lo que yo quería era justamente que se acercara y que me ofreciera su pene para meterlo en mi boca.
Lo tomo y empiezo a hacerle una fellatio.
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