miércoles, 30 de enero de 2008

Experto en estrategia organizativa

Es un día muy ocupado. Tengo mil cosas que hacer. Entre ellas, asisto a un examen de algo en el que me piden que organice una estrategia para la realización de un magno evento. Se supone que tengo que hacerlo en equipo pero mis otros dos ayudantes no saben cuál sería la metodología. Yo lo tengo todo en la cabeza, pero no tengo tiempo de responder el examen porque tengo una agenda cargadísima.
El tiempo del examen avanza y el equipo de trabajo no genera resultados. De pronto me desespero y tomo el examen en mis manos. Reúno a los otros dos para que escuchen lo que voy a escribir. Lo estoy diciendo en voz alta mientras escribo a mano. La metodología la voy desmenuzando ordenadamente, como un profesional. Para mí es fácil y rápido, porque es algo que hago todos los días. Los otros dos están asombrados y no saben qué aportar. Al final respondo el examen completamente y el profesor (o profesora, no me acuerdo ya) sabe que, si lo contesto yo, no tendré errores en el diseño de la estrategia porque soy el único que sabe.

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