Sueño larguísimo y en tres partes.
Estoy con mi amiga La Ricitos Colorados y estamos haciendo el amor. Estamos en posición cucharita, según recuerdo y yo estoy echándole bastantes ganas. Sin embargo, a ella parece no causarle ningún efecto y de pronto se anima a decir:
-Si crees que por ahí vas bien estás muy equivocado, la estás errando feo.
Yo me ofendo mucho porque, la verdad, yo no tenía muchas ganas de hacerle el amor, sin embargo, ya estamos ahí y quería que ella se sintiera satisfecha. Su comentario me molesta porque me cambia la jugada y pareciera que el interesado soy yo, que el beneficiario de nuestro encuentro sexual fuera yo y no ella.
De ahí paso a otra escena donde estoy en Xochimilco, cerca del centro de la delegación. Alguien muy cercano, que ahora no recuerdo su nombre ha rentado un lugar para poner una papelería y de pronto le está yendo muy bien en el negocio. Es alguien relacionado conmigo, un familiar o algo así, no lo recuerdo bien, pero en el lugar hay varios amigos míos que vienen a ver el nuevo negocio y la forma en que la persona que está a cargo lo está llevando. Es una papelería surtida, a la que se le hizo un cambio más o menos radical y de pronto está resultando que es un buen negocio. Está en una calle que parece una isla o un camellón entre dos avenidas más o menos grandes o, mejor dicho, más o menos transitadas, como la carretera vieja a Xochimilco. La construcción es colonial, como las que hay en esa zona y el lugar es un poco oscuro pero funciona bien.
En el tercer segmento, estoy en pleno centro de Xochimilco, con otras personas, buscando la forma de encontrar un lugar en la escalinata desde donde se podrá observar el espectáculo mexicanístico para la celebración de estas fechas, que es la Semana Santa pero que en el sueño se festeja con bailes tradicionales mexicanos y con un discurso del delegado, es decir, más parecido a las fiestas patrias.
Encontramos el lugar y entramos por una reja. Antes de entrar, hay un apretujamiento y yo me encuentro rodeado de mujeres, una de ellas de parece a Luz del Carmen, una compañera de trabajo, quien se acerca a mí, aprovechando el apretujamiento de los interesados en el espectáculo y, en medio de todos los que nos rodean, me planta un beso en la boca. Sorprendido, yo más o menos se lo contesto pero no tengo ningún interés en ella. Seguimos hacia el espectáculo y yo estoy con otra mujer. Entramos a la escalinata desde la que se puede ver la explanada donde se llevarán a cabo los actos. La vista es espectacular y conversamos mi acompañante y yo en torno a lo bueno que sería para este lugar poner un cafecito o un restaurante en el sitio donde estamos para disfrutar de esta vista que tiene algo de histórico.
En otro momento, estamos Patricia R y yo sentados en una banqueta esperando que pase el desfile conmemorativo. Yo le estoy contando sobre el beso robado y ella me mira con cara de comprensión total, con una sonrisa reconfortante.
Van dos días seguidos que sueño con Patricia R.
viernes, 21 de marzo de 2008
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