lunes, 31 de diciembre de 2007

Aeropuertos

Alguien me lleva a ver a una persona que yo ya conozco y me sirve un café con leche de una forma "novedosa" que es usar una especie de taza dividida en dos partes, por un lado está el café y por el otro está la leche, cada uno endulzado individualmente. Es una forma bastante estilizada de servirlo y pienso que es de estas formas nuevas que tiene la cocina de inventarse maneras de presentar lo mismo.
Más tarde tengo que ir a Mérida y aparece mi amiga la ricitos colorados para acompañarme a tomar el avión. Nos tenemos que subir en una camioneta de redilas para que nos lleve directamente a la sala donde se supone que saldrá mi avión. Llegamos y en el mostrador hay una mujer joven que atiende en sandalias de baño, con la lentitud que caracteriza a la gente de provincia. Ella revisa una lista impresa en una hoja de papel que está pegada en la pared y me confirma que mi vuelo es de ahí, que está programado para un poco más tarde.
Yo me doy una vuelta por otra parte y luego de un rato vuelvo al mismo mostrador a preguntarle a la mujer si mi vuelo está listo para partir. Ella vuelve a consultar la misma lista y me dice que ya, que lo están abordando en este momento. Yo me asusto porque me imagino que voy a perder el vuelvo. Ella me pregunta qué es lo que voy a documentar y yo le respondo que únicamente tengo cuatro paquetes de mano. Ella me pregunta si voy a dejar mi computadora en esa oficina y yo recuerdo que no traigo la computadora, que la dejé en el escritorio de mi casa y que no voy a poder registrar mis sueños durante la semana que dura el viaje a Mérida. Allí me desperté de sobresalto.

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